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Los jardines colgantes de Babilonia, la única de las maravillas del mundo antiguo que nadie encontró

Todos hemos leído o escuchado algo sobre Babilonia, la antigua ciudad ubicada a 100 km al sur de Bagdad, Irak, una de las Siete Maravillas del Mundo antiguo y en la lista de la UNESCO. Pero poco sabemos de los jardines colgantes de Babilonia.

Ni una vasija, ni una columna, ni un ladrillo. Nunca nadie ha encontrado evidencia física de esta maravilla del mundo antiguo, aunque los relatos y las obras de arte contaron su historia.

Como cuenta un informe publicado en el sitio web de Nat Geo, los jardines colgantes de Babilonia disfrutaron de frutos desconocidos, arroyos artificiales, sistemas de riego únicos en su tipo y flores de aromas traídos del otro lado del mar.

La leyenda de los jardines colgantes

Según la leyenda, el emperador Nabucodonosor II construyó este espacio para el deleite de los sentidos de su esposa, Amytis, quien provenía de una tierra lejana y extrañaba las montañas y la vegetación de su ciudad natal. Su marido emuló el paisaje de sus sueños en medio de las dunas de la actual Irak.

¿Dónde quedó ese pequeño paraíso natural? Babilonia fue una de las ciudades política y económicamente más activas de la antigua Mesopotamia. Esos jardines colgantes se construyeron en torno al palacio Nabucodonosor II, en forma de terrazas y azoteas verdes.

Una reconstrucción revela cómo se pudieron ver las terrazas de los jardines colgantes, obra de Getty.

Existe la teoría de que los jardines realmente no estaban colgados, sino que estaban suspendidos en el aire. De esa forma, las terrazas del zigurat principal estaban delineadas por flores y plantas siempre, manteniendo el hermoso verde con el agua del río Éufrates, que permitió el florecimiento de Mesopotamia.

Los jardines colgantes de Babilonia se construyeron alrededor de los años 605– c. 561 a. C, pero no hay registros oficiales de hallazgos ni de por qué desaparecieron, un “espejismo histórico” como los llama World History Encyclopedia. Todo apunta a que fueron consumidos por el desierto.

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Author: Guy Acurero